La princesa no ríe, la princesa no siente.
La princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
Rubén Darío

En aquel tiempo yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón.
Juan Carlos Mestre

En esos momentos de encuentro
entre la luna que sale y el sol que entra
las rojas libélulas.
Haiku

~Yo escribo lírica con sonrisas, en prosa.~
Tempus fugit. Carpe Diem








lunes, 29 de agosto de 2011

La quiero

Hoy no es el día de las madres, pero aún así quiero felicitarla.

¡Brindo por los resultados de la confianza trabajada durante tantos años!

Te quiero.

domingo, 28 de agosto de 2011

Estás

Estabas y seguías y seguías y estabas.
-¿Qué haces?
-Estoy esperando.
-¿Y qué miras?
-A ti. Es una buena forma de esperar.
Al fin y al cabo, es lo que llevabas mucho tiempo haciendo. Me esperabas y mientras tanto, pasabas las horas mirándome. Estabas y seguías y seguías y estabas.

-Sigo aquí
-Lo sé. 
Hoy aún sigues. Y estás.


Y quieras o no... Seguirás estando por mucho que llueva.


sábado, 27 de agosto de 2011

Feliz cumpleaños

Y pensar, mis queridas libélulas, que ahora puedo decir que hace un año que cobrasteis forma dentro de mí.

jueves, 18 de agosto de 2011

Por mí

Esa sensación que me hizo sonreír cuando supe, por un pajarito, que regresaste antes de lo acordado y solo, sólo por hablar conmigo.

Llevo la mirada de "buscar bellotas", esa de encontrar los detalles. Y tú eres de esas cosas que no hablan, pero se hacen sentir.

Te quiero.

miércoles, 17 de agosto de 2011

Viejo camino

Viejo camino, bien conocido por tantas veces transitado. Volvernos a encontrarnos después de tanto, tanto tiempo. Siempre el mismo y sin embargo, de destinación tan diferente. Mientras te vuelvo a recorrer, puedo verme dejando huellas en el pasado, sonriendo junto a esta misma ventana.
Los mismos nervios de siempre comienzan a arreglarse frente al espejo, que quizá hoy debería ponerme aquel otro vestido. Subir corriendo -que para variar llevo al tiempo pisándome los talones- esa inmensa calle. El sonido de mis zapatos resonando en el vacío de la vía. Sólo yo corro a estas horas por aquí.

Esperar, dar vueltas esperando y desesperar porque el autobús no llega. Por fin. 175. La misma música que ya había olvidado sonando en mi iPod.Y pensar que cada vez está mas cerca. Probablemente esté tumbado en su cama haciendo quiénsabequé.
Estación de autobuses Plaza de Armas y esas lindas escaleras grises en las que me deslumbra el sol, que hay que bajar para por fin pisar la ciudad. Ahora hablamos del mismo suelo.

Sentirme libre, recorriendo las calles que quiero, mirando escaparates, asomándome a las vidas ajenas, sonriendo al viajero. Pero no hay tiempo para detenerse a investigar a fondo esas vidas ajenas, que yo tengo la mía propia y no quiero que se escape mi autobús. Cuantas más ganas, más larga parece Alfonso XII. El museo, el bazar, el Corte Inglés... Plaza del Duque. Y ahí me espera. 14, mi querido 14. Recuerdo cuando me despedí de ti hará cosa de un año. ¿Sabías que volveríamos a encontrarnos?¿Que me llevarías a mismo lugar, en cierto sentido? Al mismo lugar, pero en un sitio tan diferente...

La misma parada de siempre. ¿Me recuerdas todavía? Solía apearme aquí con mi sonrisa, solía despedirme con un beso también aquí, llevándome la sonrisa de nuevo.

Pero en esta ocasión mis pasos se desvían un poco del camino conocido. Unos nuevos brazos, unos nuevos besos me esperan esta vez al final del sendero.



Inicié el camino cargada con la misma ilusión y por eso eres el mismo camino pero... Qué distintos son los finales que me tienes guardados!
Déjame recorrerte una y otra vez, que en cada ocasión descubro nuevas sonrisas.



martes, 16 de agosto de 2011

Insecurity

De pronto, y sin saber por qué, la invadió la inseguridad y la angustia se hizo un hueco entre sus tripas.
Se sintió desnuda ante el mundo e instintivamente se puso una camiseta de tamaño "enorme" que cubriera la mayor parte de su cuerpo, como si pudiera protegerla de algo.
Se acurrucó en la silla y se limitó a esperar.

lunes, 15 de agosto de 2011

Nuestra rutina

Esa forma que tienes de alegrarme las mañanas, de dejarme remolonear en tus brazos.
Nuestros desayunos juntos, nuestras peleas con lanzamiento de tetrabrik de leche incluido... No podía no derramar la leche. Risas, bromas, más risas y besos fugitivos.
"Maltratarte física y psicológicamente" con insultos que no entiendes... El beso con el que hacemos las paces.
Ver una película "para llorar" y llorar, sólo yo. Sentirme terriblemente estúpida por ello. Que beses mis lágrimas y que sepan saladas.
Besos y abrazos, ropa repartida por todo el piso, también los calcetines.
Gracias por romper esa dañina manía que había arraigado en mí últimamente, esa de usar la ducha para llorar.
Fideos chinos para comer, coordinación en la cocina y sustracciones ilegales de plato a plato, sonrisas y quedarme embobada viéndote comer, simplemente.
Dormir abrazada a tu cuerpo, entrelazando nuestros sueños por contacto físico. Espasmos. ¿Con qué sueñas, ángel? ¿Tienes pesadillas? Aquí estoy, ¿me respiras? Volver a hundir mi cara en ese hueco que tienes reservado para mí, entre tu hombro y tu cuello, sobre tu pecho.
Perderme en los grumos de tu taza de cacao. Galletas oreo, y pensar que de pequeños no nos gustaban. Confidencias reveladas. ¿Por qué tú y no otro?
Cartas. Digas lo que digas,no ganaste. Detuvimos el juego y aunque ibas ganando, podría haber pasado cualquier cosa.
"Bésame. Milady"
Apurar la pasión en los últimos dos minutos.
El autobús se aleja y tú aún no te has sentado, como de costumbre.
La sonrisa con la que regreso a casa cada día tras haber invertido mis segundos en ti.

Merece la pena despertarse cada mañana por esto.


domingo, 14 de agosto de 2011

sábado, 13 de agosto de 2011

Caperucita y el lobo

Era el lobo pero ella lo defendió porque desconocía su verdadera identidad. ¿Y si la hubiera conocido? Probablemente lo hubiera defendido igual,
porque a Caperucita en realidad...                           le molaba el lobo.






jueves, 11 de agosto de 2011

Y podría...

Podría haberte llamado descerebrado, inconsciente, idiota, imbécil, estúpido...
Podría haberme puesto dramática y contarte que tu vida existe de pura casualidad por toda una historia, por arte de magia quizá, en un planeta perdido en yoquesécuál galaxia, por un proceso de evolución impresionante, por la sucesión de generaciones de raza humana, por la voluntad de dos personas, por el encuentro fortuito entre dos células, por el trascurso de nueve meses...! ¡Podría haberte gritado que pudiste estropearla en menos de un segundo!
Porque en cero coma dos milésimas todo aquello y mucho más se me había pasado ya por la cabeza.
(Sabes que lo mío es predecir el futuro. Y equivocarme.)

Podría haberte llamado descerebrado, inconsciente, idiota... pero sólo salió de mi boca ese último "idiota..." si es que la palabra alcanzó el aire... porque lo único que era capaz de pensar era que estabas bien.


A fin de cuentas, sólo hicieron falta un par de palabras y una tirita.

La ducha

La ducha se ha convertido en un lugar demasiado frecuente en el que llorar. Y el agua ardiendo, como siempre.
 Una gota que se evapora en un instante justo antes de tocar mi piel.

Es el único lugar en el que nadie podría distinguir una lágrima del resto del agua, porque antes de poder verla, ya se habría esfumado por el desagüe.

Plic, ploc. Abrió el grifo.

martes, 9 de agosto de 2011

Su nombre

Buscar y buscar su nombre en esa larga lista una y otra y otra y otra vez y no encontrar nada.
Nada, salvo una perdida en el móvil.


La línea

Cuando se sobrepasa la línea que separa la confianza y la intimidad...
...y las líneas que definen sus párpados, siendo traspasadas por lágrimas. Las de ambas.


Para abrir una puerta no hace falta mirar por el ojo de la cerradura. A veces basta con llamar.


Las lágrimas que antes se habían diluido en el agua de la ducha se hundían ahora en la toalla, como su cara.

"Será mejor que eche la toalla a lavar. 
No quiero secarme mañana con las lágrimas de ayer."

Querido espía: No te preocupes, 
las palabras ya están dichas y no duelen dentro.



Nuestro viaje

Podría prescindir de muchas cosas; de hecho, podría prescindir de la mayoría de las cosas que tengo. Pero no de ellas, mis princesas, porque ellas son únicas e irrepetibles. Y me he enamorado. Mejor dicho, me han enamorado.
Despertar y escuchar algún gruñido incomprensible seguido de contorsiones de sus cuerpos. Sus ojos fijos en nada, se despiertan despacio. Tostadas, tostadas quemadas y mantequilla, también nocilla. Comer nocilla directamente del bote, en la cama, y manchar las sábanas. Vasos que se van rompiendo a pesar de que cada vez que uno se rompía, prometíamos tener más cuidado la siguiente vez. Hace sol y la luz y las ganas de comerse al mundo inunda sus miradas. Playas. Pero no playas cualesquiera, playas de arena de coral y agua cristalina. Transparente y clara, como mis princesas. Playas con dunas enormes y nuestros cuerpos rodando ladera abajo. Arena hasta en los lugares menos sospechados. No importa que la arena de la montaña abrase nuestra piel, la caída merece la pena. Comidas compartidas, exceso de macarrones "para 4 personas" y exceso de queso. Exceso también de pizza, hamburguesas y sandwiches. Macarrones cocidos y robados de los platos ajenos. No hay salchichas para todas. Ensaladilla para desayunar. Tortilla sospechosa...Y guaguas para llegar a cualquier sitio. Maletas transformers, colchonetas y una sombrilla regalada por el simpático recepcionista, Antonio. Snorkle, peces de colores, aletas "de sirena", gafas y tubo para respirar. Ojalá os estuviera respirando justo ahora, que escribo esto de nuevo en mi sofá azul. Pero no sólo día. También la noche. Con ese vestido luces realmente preciosa. Se maquillaban y se arreglaban el cabello, tengo grabado cada uno de sus gestos. Tranquila, que siempre estaré para pintarte la línea sobre el ojo con el eyeliner que te regalamos. ¿Dónde está la diadema que llevabas ayer? ¿Me prestas tu falda? Trapicheos "ilegales" con ropa, maquillaje y hasta pasta de dientes. Intercambio de sonrisas. Noches alocadas, que no sabemos ir "tranquilas". Y muchachos perdidos de puerto en puerto. Mis princesas encallaron en algunos de esos puertos también, apasionadas y divertidas, sin pensar en qué pasará, sin preocupaciones. De si ayer te vi no me acuerdo. Excepto José y aquel camarero tan lindo que me regaló una bengala por petición vuestra, para celebrar mi cumpleaños. Happy hour, cubatas, chupitos, cocktail. Tan ebria de felicidad "que no controlaba mis movimientos". Todos esos bailes, sobre tacones altos, que nos acercaban a las estrellas. Las dos veces que me cantasteis "cumpleaños feliz" una por la hora de la península, otra por la hora de la isla. Me alzasteis riendo, nadie allí sabía que celebrábamos mis 18 años. La tarta sorpresa con todas sus velas. La manera que tenéis de hacerme llorar y aunque mi vista se empañara, la forma que tenéis de hacerme sentir que seguís aquí. Vuestra forma de darme abrazos, sonrisas, miradas... Vuestra forma de ser. Eso, única e irrepetible.
Maniáticas del orden o del desorden, delicadas, descuidadas, dulces y picantes, enfadadas y perdonadas tras  una sonrisa, tardonas y excesivamente puntuales, honestas, caprichosas a veces y complacientes otras... Vosotras...

El último amanecer en la playa de aquella isla. Sólo unas pocas pudimos verlo tras horas de frío y chapoteos en la orilla de noche. Apoyadas las cabezas en las demás, confiando deseos a las estrellas.
"Y qué más da si en la playa nocturna confundimos gaviotas con estrellas fugaces si el deseo era el mismo? Volveremos. O quizá nunca nos vayamos."

Nuestro viaje "terminó" con el comienzo de un nuevo día. Porque no es más que eso, un nuevo comienzo, de mi vida adulta, que espero seguir llenando con vuestra presencia. 

"Seamos realistas. Pidamos lo imposible"
Entonces...

"Que sigamos juntas para siempre."
Y aquella llorona apagó las velas soplando...


Gracias



lunes, 8 de agosto de 2011

Hace un año

Hoy hace un año que murió... pero no voy a encender ninguna vela en memoria de este día.
Simplemente hay cosas que no merecen ser recordadas.


No quiero que el fantasma del recuerdo inunde mi habitación y se acople en las esquinas.