La princesa no ríe, la princesa no siente.
La princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
Rubén Darío

En aquel tiempo yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón.
Juan Carlos Mestre

En esos momentos de encuentro
entre la luna que sale y el sol que entra
las rojas libélulas.
Haiku

~Yo escribo lírica con sonrisas, en prosa.~
Tempus fugit. Carpe Diem








miércoles, 30 de noviembre de 2011

No duermes

No pequeño, no estás durmiendo, no estás soñando.
Y lo sé porque los pellizcos duelen...
Pero también sé que se sienten libélulas en el pecho.

Nuestras libélulas...

Mejor vivir que soñar, ¿no?

sábado, 26 de noviembre de 2011

En el mercado

-Y a ti, pequeña, ¿qué te pongo?
-Deme, por favor, un cartucho de estrellas. 

-¡Muchas gracias!

Esta noche le compré a un mercader las estrellas del cielo.

Con un par de besos duda...

Y le besó el cuello.

Aún recuerdo el tacto de su piel en mis labios...

Pequeñita

Y se siente pequeña y se pone nerviosa. Cree que le temblará la voz e intenta decir lo menos posible, aunque en realidad, tampoco se siente capaz de articular grandes frases porque él la mira, la está mirando; de hecho, están conversando. Ahora que lo pienso, pocas veces aguanta sus ojos clavados fijamente en ella. Porque es así como él habla. Sin rodeos, sin palabras innecesarias, directo al alma. Y cuando es preciso, calla. Y no es que calle demasiado tiempo, es que es necesario ese silencio. Pero eso ella no lo entiende hasta que se han alejado varios metros y se esmera en hablar y hablar y repetir frases torpemente por no escuchar que no se dicen nada. Se despiden con dos besos esta vez. ¿Con dos besos? Se convierte en piedra unos instantes y luego sonríe, aún con el vello de punta, que ella esperaba la simple despedida de siempre.

Volvió con una sonrisa a casa, aquella inocente e inexperta niña...

Me río de sus torpezas pero en realidad, no me queda más remedio que quererla.
Esta pequeña e inexperta...

lunes, 21 de noviembre de 2011

10

Hoy aún tengo la suerte de llevarme tu nombre a mi boca cada mañana, cuándo no tus besos.
Despertar con la sonrisa que me provocas.
Aún me enamoras cada segundo.
Hoy aún me pierdo en tu mirada y te recorro con la mía, buscando qué es ese algo que sólo tú tienes.
-Lo que pasa es que eres tú en conjunto, me digo a mí misma-.
Hoy aún sabes entender lo que digo, que tú siempre me entiendes; y más importante, lo que callo.
Hoy aún siento libélulas y se me empañan los ojos de felicidad al pensar en esto que nos pasa.
Hoy nuestro amor cumple sus primeras dos cifras...


A partir de ahora tendremos que recurrir a los dedos del otro para seguir contando...
Te quiero.

jueves, 17 de noviembre de 2011

Tut-tut-tut

Sabía que ya había colgado el teléfono pero aún así, ella se quedó unos minutos más escuchando el repetitivo pitido que indicaba que la llamada había finalizado.
Aquel intermitente sonido dijo mucho más en ese instante que lo que él había hablado en toda la noche.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Recuerdos

¿De dónde nos viene la necesidad de recordar?

Recuerdo que, una vez se hubo marchado y yo reconstruido, me gustaba recordarle. Era como guardar en otro mundo el calor de una hoguera ya apagada, para sentirme bien, para ser feliz contentándome con los restos de una fiesta, para poder decir: "una vez fui muy, muy feliz".
Recuerdo que hubo un tiempo en el que quería vivir del recuerdo, en ese otro universo que destruían mis despertares cada mañana.

Hace unos días estuve pensando, para variar, e intenté recordar. Y busqué y busqué... Pero no encontré nada. Ni frases, ni abrazos, ni momentos ni lugares especiales, ni cosas que dijeran nada... Sólo alcancé a imaginar.
Creo... que he olvidado muchas cosas. Tengo que partir de cero para poder llegar a hacerme una ligera idea de lo que fuimos. Qué curioso, pensé sin más, no se me ocurrió otro adjetivo. Sólo sé que sí, que fuimos felices.
Supongo que sé a qué se debe todo esto. Supongo que tras la última nevada tenía que recurrir a la anterior primavera para no morir de frío.
Pero ahora estamos en Noviembre otra vez y no hace frío. La lluvia no moja, la lluvia no cala hasta los huesos.

Me he dado cuenta de que hace mucho tiempo que dejé de rebuscar entre prendas viejas algo que me sirviera para soportar las bajas temperaturas.
El abrigo que llevo ahora, sus brazos, guardan más calor que cualquier recuerdo vano.
El olvido ha dejado de darme miedo, de importarme tanto como hacía antes, porque ya no necesito recordar.
(¿será malo eso de no necesitar recordar? Quizá sea inevitable.)


En cualquier caso, voy a atreverme y a tirarme por el acantilado sin pensar en lo que conlleva decir esto que quiero decir (por no arrepentirme de no haberlo dicho cuando podía).
No pienso dejar que llegue el día en que no necesite recordarte.




Si he dejado de buscar la felicidad en Ayer,
 es precisamente  porque Hoy soy feliz.
Tempus fugit. Carpe diem.



miércoles, 2 de noviembre de 2011

Replay

Se me repite en la mente una y otra vez aquella mirada de desprecio acompañada de esa frase que tanto me indignó.
No lo vayas a cambiar, ¿eh?



Vomitando

Ese cuerpo tan pequeño, vomitando...
Por favor, que no sean libélulas lo que vomita.
Ese cuerpo tan pequeño vomitando...
Y mis vísceras que se encogen aquí dentro de sólo imaginarlo.

martes, 1 de noviembre de 2011

Terapia para mí misma

Que no se parecen en nada, que no son iguales, que él es diferente.
Que no se parecen en nada, que no son iguales, que él es diferente.
Que no se parecen en nada, que no son iguales, que él es diferente.
Que no se parecen en nada, que no son iguales, que él es diferente.
Que él es diferente.
Que él es diferente.
Que él es diferente.