Era tarde, muy tarde, y como tú no estabas, se atiborró de chocolatinas en el sofá.
Sentimientos transformados en palabras que fluyen como la sangre de las heridas. Sentimientos transformados en palabras que se deslizan silenciosos como lágrimas caídas. Sentimientos transformados en palabras que hacen al corazón palpitar, a los labios sonreír, a las manos temblar... Sentimientos transformados en palabras
La princesa no ríe, la princesa no siente.
La princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
La princesa persigue por el cielo de Oriente
la libélula vaga de una vaga ilusión.
Rubén Darío
En aquel tiempo yo tenía el sueño de una libélula entre los juncos del corazón.
Juan Carlos Mestre
En esos momentos de encuentro
entre la luna que sale y el sol que entra
las rojas libélulas.
Haiku
~Yo escribo lírica con sonrisas, en prosa.~
Tempus fugit. Carpe Diem
domingo, 14 de agosto de 2011
sábado, 13 de agosto de 2011
Caperucita y el lobo
Era el lobo pero ella lo defendió porque desconocía su verdadera identidad. ¿Y si la hubiera conocido? Probablemente lo hubiera defendido igual,
porque a Caperucita en realidad... le molaba el lobo.
jueves, 11 de agosto de 2011
Y podría...
Podría haberte llamado descerebrado, inconsciente, idiota, imbécil, estúpido...
Podría haberme puesto dramática y contarte que tu vida existe de pura casualidad por toda una historia, por arte de magia quizá, en un planeta perdido en yoquesécuál galaxia, por un proceso de evolución impresionante, por la sucesión de generaciones de raza humana, por la voluntad de dos personas, por el encuentro fortuito entre dos células, por el trascurso de nueve meses...! ¡Podría haberte gritado que pudiste estropearla en menos de un segundo!
Porque en cero coma dos milésimas todo aquello y mucho más se me había pasado ya por la cabeza.
(Sabes que lo mío es predecir el futuro. Y equivocarme.)
Podría haberte llamado descerebrado, inconsciente, idiota... pero sólo salió de mi boca ese último "idiota..." si es que la palabra alcanzó el aire... porque lo único que era capaz de pensar era que estabas bien.
Podría haberme puesto dramática y contarte que tu vida existe de pura casualidad por toda una historia, por arte de magia quizá, en un planeta perdido en yoquesécuál galaxia, por un proceso de evolución impresionante, por la sucesión de generaciones de raza humana, por la voluntad de dos personas, por el encuentro fortuito entre dos células, por el trascurso de nueve meses...! ¡Podría haberte gritado que pudiste estropearla en menos de un segundo!
Porque en cero coma dos milésimas todo aquello y mucho más se me había pasado ya por la cabeza.
(Sabes que lo mío es predecir el futuro. Y equivocarme.)
Podría haberte llamado descerebrado, inconsciente, idiota... pero sólo salió de mi boca ese último "idiota..." si es que la palabra alcanzó el aire... porque lo único que era capaz de pensar era que estabas bien.
A fin de cuentas, sólo hicieron falta un par de palabras y una tirita.
La ducha
La ducha se ha convertido en un lugar demasiado frecuente en el que llorar. Y el agua ardiendo, como siempre.
Es el único lugar en el que nadie podría distinguir una lágrima del resto del agua, porque antes de poder verla, ya se habría esfumado por el desagüe.
Plic, ploc. Abrió el grifo.
Una gota que se evapora en un instante justo antes de tocar mi piel.
Es el único lugar en el que nadie podría distinguir una lágrima del resto del agua, porque antes de poder verla, ya se habría esfumado por el desagüe.
Plic, ploc. Abrió el grifo.
martes, 9 de agosto de 2011
Su nombre
Buscar y buscar su nombre en esa larga lista una y otra y otra y otra vez y no encontrar nada.
Nada, salvo una perdida en el móvil.
Nada, salvo una perdida en el móvil.
La línea
Cuando se sobrepasa la línea que separa la confianza y la intimidad...
...y las líneas que definen sus párpados, siendo traspasadas por lágrimas. Las de ambas.
Para abrir una puerta no hace falta mirar por el ojo de la cerradura. A veces basta con llamar.
Las lágrimas que antes se habían diluido en el agua de la ducha se hundían ahora en la toalla, como su cara.
...y las líneas que definen sus párpados, siendo traspasadas por lágrimas. Las de ambas.
Para abrir una puerta no hace falta mirar por el ojo de la cerradura. A veces basta con llamar.
Las lágrimas que antes se habían diluido en el agua de la ducha se hundían ahora en la toalla, como su cara.
"Será mejor que eche la toalla a lavar.
No quiero secarme mañana con las lágrimas de ayer."
Querido espía: No te preocupes,
las palabras ya están dichas y no duelen dentro.
Nuestro viaje
Podría prescindir de muchas cosas; de hecho, podría prescindir de la mayoría de las cosas que tengo. Pero no de ellas, mis princesas, porque ellas son únicas e irrepetibles. Y me he enamorado. Mejor dicho, me han enamorado.
Nuestro viaje "terminó" con el comienzo de un nuevo día. Porque no es más que eso, un nuevo comienzo, de mi vida adulta, que espero seguir llenando con vuestra presencia.
Despertar y escuchar algún gruñido incomprensible seguido de contorsiones de sus cuerpos. Sus ojos fijos en nada, se despiertan despacio. Tostadas, tostadas quemadas y mantequilla, también nocilla. Comer nocilla directamente del bote, en la cama, y manchar las sábanas. Vasos que se van rompiendo a pesar de que cada vez que uno se rompía, prometíamos tener más cuidado la siguiente vez. Hace sol y la luz y las ganas de comerse al mundo inunda sus miradas. Playas. Pero no playas cualesquiera, playas de arena de coral y agua cristalina. Transparente y clara, como mis princesas. Playas con dunas enormes y nuestros cuerpos rodando ladera abajo. Arena hasta en los lugares menos sospechados. No importa que la arena de la montaña abrase nuestra piel, la caída merece la pena. Comidas compartidas, exceso de macarrones "para 4 personas" y exceso de queso. Exceso también de pizza, hamburguesas y sandwiches. Macarrones cocidos y robados de los platos ajenos. No hay salchichas para todas. Ensaladilla para desayunar. Tortilla sospechosa...Y guaguas para llegar a cualquier sitio. Maletas transformers, colchonetas y una sombrilla regalada por el simpático recepcionista, Antonio. Snorkle, peces de colores, aletas "de sirena", gafas y tubo para respirar. Ojalá os estuviera respirando justo ahora, que escribo esto de nuevo en mi sofá azul. Pero no sólo día. También la noche. Con ese vestido luces realmente preciosa. Se maquillaban y se arreglaban el cabello, tengo grabado cada uno de sus gestos. Tranquila, que siempre estaré para pintarte la línea sobre el ojo con el eyeliner que te regalamos. ¿Dónde está la diadema que llevabas ayer? ¿Me prestas tu falda? Trapicheos "ilegales" con ropa, maquillaje y hasta pasta de dientes. Intercambio de sonrisas. Noches alocadas, que no sabemos ir "tranquilas". Y muchachos perdidos de puerto en puerto. Mis princesas encallaron en algunos de esos puertos también, apasionadas y divertidas, sin pensar en qué pasará, sin preocupaciones. De si ayer te vi no me acuerdo. Excepto José y aquel camarero tan lindo que me regaló una bengala por petición vuestra, para celebrar mi cumpleaños. Happy hour, cubatas, chupitos, cocktail. Tan ebria de felicidad "que no controlaba mis movimientos". Todos esos bailes, sobre tacones altos, que nos acercaban a las estrellas. Las dos veces que me cantasteis "cumpleaños feliz" una por la hora de la península, otra por la hora de la isla. Me alzasteis riendo, nadie allí sabía que celebrábamos mis 18 años. La tarta sorpresa con todas sus velas. La manera que tenéis de hacerme llorar y aunque mi vista se empañara, la forma que tenéis de hacerme sentir que seguís aquí. Vuestra forma de darme abrazos, sonrisas, miradas... Vuestra forma de ser. Eso, única e irrepetible.
Maniáticas del orden o del desorden, delicadas, descuidadas, dulces y picantes, enfadadas y perdonadas tras una sonrisa, tardonas y excesivamente puntuales, honestas, caprichosas a veces y complacientes otras... Vosotras...
El último amanecer en la playa de aquella isla. Sólo unas pocas pudimos verlo tras horas de frío y chapoteos en la orilla de noche. Apoyadas las cabezas en las demás, confiando deseos a las estrellas.
"Y qué más da si en la playa nocturna confundimos gaviotas con estrellas fugaces si el deseo era el mismo? Volveremos. O quizá nunca nos vayamos."
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